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El duodécimo planeta Buenas, aquí les dejo un texto sacado del libro "100 Enigmas del Mundo" de Bruno Cardeñosa.
Localización de Sumer
Según las tradiciones sumerias, el sistema solar estaba formado por doce planetas: los nueve conocidos, a los que ellos sumaban el Sol y la Luna, y un duodécimo, al que llamaban Niburu. Este último tendría una órbita gigantesca y muy elíptica, y giraría alrededor del Sol cada tres mil seiscientos años.
Niburu
Mito o realidad, la existencia de un astro solar desconocido para la ciencia actual parece una constante en algunas antiquísimas leyendas.
A comienzos de los años noventa, un investigador llamado Zetcharia Sitchin provcó un auténtico terremoto. Irrumpió en el complejo mundo del estudio de las civilizaciones desaparecidas con una excelente carta de presentación: ser uno de los más fiables intérpretes de las tablillas sumerias que existen.
Una imagen de Sitchin
Sitchin examinó cientos de aquellas tablillas de barro plagadas de textos redactados con escritura cuneiforme. En concreto, las que mentaban como fue el origen de la humanidad. Lo que se encontró al traducirlas fue realmente inquietante. En ellas se decía que los fundadores de Sumer no fueron descendientes de los hombres del Neolítico, sino unos seres a quienes los sumerios llamaban Anunaki, una expresión que significaba “aquellos que vinieron del cielo”, que vendría a ser la misma traducción que tiene la expresión Nefilim, nombre hebreo que se utiliza en la Biblia para denominar a los “hijos de los dioses”.
Imagen de una tablilla
Ciertamente, los sumerios poseían avanzados conocimientos astronómicos. La ciencia moderna tuvo que esperar al desarrollo del telescopio para descubrir Urano, allá por el año 1781. Por su parte, Neptuno fue identificado en 1846 y Plutón en el siglo XX.
Sin embargo, en Sumer ya representaban estos tres planetas. Pero es que además, como decía, hablaban de otro que –de mometo, para la ciencia actual- no existe pero que ellos ubicaban en los confines del sistema solar: Niburu.
Las traducciones llevaron a Zitchin más lejos aún. Según dedujo, partiendo del contenido de las tablillas, Niburu tiene una órbita muy elíptica, razón por la cual no se podría ver en la actualidad pese a que los astrónomos siempre han sospechado la existencia de un planeta ubicado más allá de Plutón. Su órbita sería similar a la de un cometa, con un período de traslación de tres mil seiscientos años, tras los cuales se aproximaría al Sol cruzando muy cerca de la Tierra.
De acuerdo con el contenido de las tablillas traducidas por Zitchin, los Anunaki son los habitantes de Niburu y ocasionalmente los visitantes de la Tierra cuando el duodécimo planeta se aproxima a nuestro vecindario cósmico más próximo. En uno de esos acercamientos ,según defiende Zitchin, los Anunaki interfirieron directamente en nuestra historia evolutiva.
Grabado de un Anunaki
Ocurrió hace cuatrocientos cincuenta mil años. Al parecer, los Nefilim tomaron el óvulo de una homínido y lo fertilizaron con esperma de uno de estos seres celestiales antes de implantarlo en la matriz de una terrícola, que alumbraría nueve meses después al primer Homo sapiens.
Las tesis de Sitchim alcanzaron una gran difusión allá por los noventa. Con sus libros se produjo un fenómeno similar, aunque a una escala menor, a lo que ocurrió con las obras de Erich Von Daniken. Deslumbraron y abrieron los ojos a muchos neófitos, pero sis tesis se desmoronaron sin necesidad de ser refutadas. Construyó una historia de la humanidad – de acuerdo con la interpretación de esas tablillas - en la cual los Nefilim habrían protagonizado los episodios más relevantes desde la aparición del Homo sapiens hasta la eclosión de las primeras civilizaciones. Por fantástica, su tesis se deshinchó.
Sin embargo, Sitchin puso de manifiesto algo que sí era muy relevante: el conocimiento astronómico de los sumerios, que alcanzó cotas elevadísimas que, como en otros tantos casos, sólo fue recuperado por la ciencia moderna. Y eso ya es de por sí muy relevante, además de inexplicable. Tanto o más que el nacimiento del Homo sapiens, que sigue siendo una gran incógnita para la que Sitchin propuso una respuesta en funcoón del saber sumerio.
Precisamente, eso es lo que nos falta: respuestas. Y la intervención en dicho proceso de una inteligencia exterior no debe descartarse. ¿Por qué íbamos a hacerlo?
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